
Desde el momento mismo de su asunción, el santacruceño tomó los derechos humanos como una bandera. Pero no sólo eso. Hizo de esa consigna una herramienta política, un eje de su gestión, y la llevó al terreno de los hechos. Con Kirchner, la posibilidad de enviar a juicio y a la cárcel a los uniformados que cometieron delitos de lesa humanidad dejó de ser una expresión de deseo.
Publicado en la revista Veintitrés
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